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A por ellos, de Mikel Recalde | Destino


SSiempre ha habido diferentes teorías sobre el destino. Hay realistas que defienden que es él quien baraja las cartas y nosotros los que jugamos. O los que piensan que cada uno es dueño de su camino. Quienes creen que no es casualidad, sino cuestión de elección. No es algo que se pueda esperar, es algo que se debe lograr. Me imagino que, para hacerme una idea, estos últimos serán los actuales negadores (muy fan de la palabra). Nunca se sabe cuándo llegará tu momento en el fútbol. No me refiero a entrenadores, jugadores o entrenadores, sino al que vas a vivir como aficionado. Todos los que somos apasionados de este deporte y amamos algunos colores soñamos que una mañana llegará el Día D y viviremos la alegría más importante de nuestra existencia. El mas grande. Que nuestro equipo logre un título o algo similar. Porque algunos pueden pensar que es muy bonito cuando el momento pasa por casualidad o casualidad, sin una fecha señalada, pero nos seduce mucho más cuando sucede como resultado del trabajo y la planificación. Y estamos en esos, eso es lo que hacemos.

Digo esto porque es muy importante ser consciente del optimista y soñador «algún día llegará», sobre todo cuando se trata de superar la frustración. El jueves pasado recordé las lágrimas que me trajo la injusta eliminación a manos de Sttutgart en la UEFA en 1989. Recuerdo ese día que estaba tan enojado que pensé que nunca estaría tan cerca de lograr un gran éxito. Nunca. Pero el fútbol siempre te da una segunda oportunidad. La venganza te sirve en bandeja, aunque intenten explicártelo justo cuando Savio falló el penalti que nos condenó al descenso, y puedes ir a coger aire fresco. La forma más fácil de lograr el éxito es hacer las cosas bien.

Pocos clubes están más marcados por los vaivenes del destino que la Real. Nos olvidamos rápidamente, sobre todo de aquellos que no vivieron esa época. Me divierten los que ahora promueven el concepto de Realada, ese odioso término que se usa para explicar una desgracia o pifia del equipo txuri-urdin cuando menos se espera. No puedo evocar una decepción mayor que la que sucedió en 1980, cuando nuestra Generación de Oro perdió su primer título liguero con esa incomprensible derrota, en la penúltima jornada en la que estaba invicto, y ante un Sevilla que competía con nueve jugadores tras sufrir dos expulsiones.

Quizás fue el destino, o la justicia divina, lo que quiso que la Real ganara el título la temporada siguiente gracias al gol de Zamora en el último minuto. Ese es el gran momento de una vida de pasión por el fútbol para las promociones justo antes de la mía. Quien más o menos tuvo un familiar o amigo ese día en El Molinón, que sin duda se convirtió en la mejor forma de predicar y difundir la religión Txuri-urdin para siempre. Más tarde, y fiel a su historia, el Real finalmente levantó su Copa del Rey al derrotar al Atlético cuando pocos lo esperaban y, al año siguiente, se quedó con la miel en los labios pese a que partía como claro favorito ante el Barça y tras haber eliminado al Atlético y Madrid. Somos asi. «No olvides tu historia o tu destino», cantó Bob Marley.

Tras la mudanza a Anoeta, nos hicieron creer que probablemente ya no sería factible optar por volver a ganar la Liga. Según los agoreros, la Ley Bosman iba a convertir en una quimera que clubes de canteras como la Real aspiraban al Santo Grial. Y una vez más, los blanquiazules demostraron que nada es imposible y fueron líderes en Balaídos en la penúltima jornada de 2003, con un punto de ventaja sobre el Madrid de Ronaldo. Ese fue mi momento. Mi liga. El de mi generación y algunos más nuevos después que heredaron un Real mucho menos acostumbrado a ganar de lo que apenas disfrutaba cuando era niño. Por cierto, por mucho que algunos quieran andar de puntillas sobre los datos, con seis canteranos intocables y con protagonismo protagonista y fundamental en su alineación de gala (Rekarte, Jauregi, Aranzabal, Aranburu, Xabi Alonso y De Pedro). El equipo de Denoueix sí se fue a la esquina de la calle en pos de su destino, pero cuando lo doblaron se encontraron con la desgracia de que su rival, el Celta, era probablemente el equipo más en forma de ese epílogo del campeonato y que también se jugó. clasificarse para la Champions por primera vez en su historia. Algo que logró al ganar 3-2 en la derrota más dolorosa del siglo para la Real. Sí, soy consciente de que después, víctima de no haber sabido adaptarse a los buenos tiempos y de haber vivido más allá de sus posibilidades, el club cayó a la maldita Segunda División 40 años después. Los diferencio. Lo que pasó en Valencia fue una tristeza feroz y lo que pasó con Balaídos, un dolor insoportable en el fondo de nuestro corazón. Las lágrimas que caían sobre mi teclado todavía me picaban mientras escribía la crónica del encuentro en el estadio de la ciudad oliva. Con toda la multitud llena de fanáticos realistas hundidos, la mayoría de ellos mirando en blanco, inconsolable en lamento. Salieron del campo como zombis.

Había estado yendo a Vigo durante unos 20 años seguidos, donde mi mejor amigo vive con su familia. No hay visitante que no recuerde dónde estaba sentado esa noche, con un periodista francés a su lado que no supo dónde meterse en el mar de lágrimas en el que se convirtió la cabaña reservada para la prensa visitante. Algunos no pudieron soportarlo e incluso optaron por salir a tomar aire fresco. Fue un drama absoluto. Pero son estas decepciones y su memoria las que dan forma a la personalidad de un club ganador. El destino es carácter. Y así es como tenemos que tomarlo. Ya estamos a punto de conseguir un título 32 años después en la final de Copa más larga del mundo y lo mejor de todo, la gestión deportiva realista lleva muchos meses haciendo un trabajo tan meticuloso y competente que está dejando muy poco margen al azar. . Sabes, si no controlas tu destino, alguien lo hará por ti. Nunca está de más recordar a los héroes sin corona de 2003 cada vez que se visita su tumba deportiva. Porque nos hacían disfrutar como a pocos y porque compartir su dolor y lágrimas los hacía tan terrenales y vulnerables como cualquier txuri-urdin que pululara desorientado en la marea realista destrozada que dejaba Balaídos. Y eso también te garantiza la inmortalidad en el Olimpo. Al menos en el nuestro. ¡Para ellos!

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