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Biden saca una limpia ventaja a Trump, que se empeña en sembrar dudas


Con paciencia, los votos caían ayer lentamente en la casilla de Joe Biden, que cada vez se aproximaba más a los 270 representantes del Instituto Electoral que se requieren para ganar la presidencia, sobre todo tras hacerse anoche con Michigan por 60.000 votos sobre Trump. Paralelamente, EE UU se alejaba cada vez más de una transición pacífica, con el presidente decidido a enredar el desarrollo en los tribunales y a arengar a sus bases para defenderle en las calles.

Los demócratas mantenían la tranquilidad, con la esperanza de que cuando todos los votos estén contados las matemáticas sean tan apabullantes que las estratagemas del gobernante republicano sean inútiles. El exvicepresidente de Obama se apuntó ayer tres de los cuatro representantes de Maine -entre los dos únicos Estados que legalmente puede dividir el resultado-, aparte de los diez de Wisconsin. En este último la distingue era de 20.500 votos, solamente el 0,6% del total, lo que permitió a la campaña de Trump pedir un recuento al quedar por debajo del 1%.

Para consolidar su camino hacia la Casa Blanca sin pasar por Pensilvania, el demócrata precisaba ratificar su victoria en Arizona, atar Nevada y cerrar Michigan, cosa que sucedió sobre las once de la noche (hora de españa). El aspirante se adjudicó los 16 delegados de este Estado y suma de esta forma 261 votos electorales, muy cerca de los 270 que le darían la llave del Despacho Oval.

En cambio, para el presidente era imprescindible ganar Pensilvania. Por eso envió allí a su letrado personal, Rudy Giuliani, a su hija Ivanka y a su yerno, Jared Kusher, que no solo procuraban arañar votos sino más bien ganar el mensaje. El conjunto había convocado una charla de prensa a la misma hora en la que las autoridades electorales planeaban dar una actualización de los resultados.

Pensilvania es el único Estado donde Trump no puede evitar que se sigan recibiendo votos, porque el Tribunal Supremo ya se pronunció sobre eso el miércoles de la semana pasada, dos días después de que el gobernante jurase a Amy Barrett como novedosa jueza del tribunal. Tan reciente era su ascenso que la propia Barret escogió quedarse fuera de la resolución al no haber tenido tiempo de estudiar el caso, para frustración de su guía.

El líder republicano cuenta desde hace bastante con el voto de esta jueza para decidir la presidencia a su favor si no logra ganarla en las urnas. Dos días tras reunirse con el 21 de septiembre en el Despacho Oval, Trump mencionó que era «muy importante» que su nominada fuera confirmada en el cargo antes de las selecciones para que pudiese «parar esta estafa que los demócratas están sacando», en referencia al voto por correo que ya se anticipaba en des astronómicas.

«Pienso que esto acabará en el Tribunal Supremo», auguró entonces. «Y creo que tener cuatro a cuatro (jueces) no será una aceptable situación, si sabes lo que digo… Solo en caso de que esto sea más político de lo que ha de ser, creo que es muy importante que tengamos un noveno juez», añadió.

El Senado no tuvo inconvenientes en cumplir su deseo, por medio de la mayoría del Partido Republicano en esta Cámara. Trump reafirmó la sospecha de que pensaba llevar las elecciones hasta el Supremo el sábado en Reading (Pensilvania), donde ha dicho a sus seguidores que ganaría en las urnas «o bien después en el Supremo». Mas no fue hasta la madrugada de ayer, horas tras el cierre de los institutos electorales, cuando esa sospecha se realizó realidad.

«Claramente, hemos ganado estas elecciones», anunció al filo de ámbas de la madrugada (hora local ), cuando todavía quedaban 64 millones de votos en nueve Estados por contabilizarse. «Nuestra misión ahora es asegurar la integridad (del desarrollo), por el bien de nuestra nación. Deseamos que la ley se utilice de forma adecuada, con lo que iremos al Tribunal Supremo de EE UU. Deseamos que dejen de contar».

Hablaba para sus fieles, con mensajes que incitan al levantamiento. El Supremo ya aceptó que Pensilvania prosiga recibiendo votos por correo hasta tres días después de las selecciones, toda vez que la fecha del matasellos sea previo al 4 de noviembre. El Estado tiene todavía más de un millón de votos por correo que abrir y procesar, pero había contado casi el 93% de los presenciales. Y ahí Trump ganaba a Biden por 52-46. Los demócratas creían ayer de noche que esa proporción puede cambiar, al sentirse favorecidos por el voto tardío por correo y por el tipo de condados que faltaban por contarse. Si el resultado quedara ajustadísimo, el voto decisivo podría ser el de los militares, que tiene hasta el martes para llegar.

Confrontación en Detroit

«No me corresponde ni a mi ni a Donald Trump declarar quién ha ganado estas elecciones, sino más bien al pueblo estadounidense», pidió Biden. Su campaña luchará a fin de que se cuenten todas y cada una de las papeletas, mas los estadounidenses empezaban ayer en Detroit a sumarse a esa guerra. La multitud empujaba las puertas de manera intimidatoria para colarse dentro de las áreas de trabajo electorales, en un recordatorio de lo que ocurrió en Miami en 2000 a lo largo del recuento de Florida. Varios veían tan clara la jugada de los «observadores» de Trump, que se habían abierto paso por fuerza en las juntas electorales donde se contabilizaban los sufragios, que asistieron espontáneamente a «proteger el proceso» con el compromiso de un enfrentamiento de turbas opuestas.

Directo | Así va el escrutinio en los territorios decisivos

Michigan, donde las milicias de ultraderecha procuraron raptar a la gobernadora el mes pasado, era el sitio más temido para el recuento, seguido de Wisconsin, donde el tiroteo policial contra Jacob Blake logró arder las calles de Kenosha. Al cierre de esta edición, quedaban otros Estados en juego. En Georgia, donde Trump lleva virtud, los demócratas aún esperan que los últimos distritos en anotar votos acorten esa distancia de unos 70.000 sufragios, al ser zonas densamente pobladas por afroamericanos. Y en Nevada, la población hispana de origen mexicano podía llevarle la contraria a los cubanoamericanos de Florida al votar por Biden.

Es posible que el escudero de Obama gane la presidencia en los próximos días, pero no lo tendrá simple para gobernar, con un Congreso inclusive más dividido que en el orden anterior, acorde con las fisuras sociales que presenta el país. En este momento se sabe que Donald Trump no ha sido una anécdota, sino el comienzo de una inclinación que se contagia por el mundo a agilidad viral. Y ocurra lo que ocurra en las urnas, no va a desaparecer de la escena política porque la ha impregnado completamente.



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