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Bond y el Aston Martin DB5, el idilio nacido en «Goldfinger»


Suiza, el Furka Pass, entre las carreteras más populares entre los amantes de la conducción por su continua sucesión de curvas unidas por cortas rectas … El conductor de un Aston Martin prosigue un Rolls dorado con la matrícula «AU1» a lo lejos. En un instante particular, interpreta a una atractiva joven en un Ford Mustang, después se detiene poco después: el Rolls se detiene en numerosas curvas cuesta abajo. Su conductor, vestido con un traje de corte inigualable, sale del Aston y observa desde lejos el estático Phantom III de 1937. Su nombre es Bond, James Bond. Se encuentra dentro de las escenas clave de una película histórica, «Goldfinger».

Bastante se ha hablado del mítico Aston Martin de 007 pero si pasamos al Bond inicial, al de las primeras novelas, hace aparición al volante de un Bentley, la marca británica preferida del padre del niño, Ian Flemming (1908-1964). En su primera novela, Casino Royale, el espía al servicio de Su Majestad rueda en un Bentley de 1933 que naufragará en Moonraker. Y en el resto de novelas (Thunderball, Nevar Say, Nevar Again y Role of Honor) sigue fiel a los modelos de la compañía creados por Walter Owen Bentley.

En 1962 «Doctor No» se estrenó en las pantallas. Bond, interpretado por Sean Connery, conduce un convertible Sunbeam Alpine azul en Jamaica con el que asiste a una asamblea con la misteriosa Miss Taro. En verdad, para el rodaje, la productora alquilaría este roadster a un médico de la isla como una opción más económica, dado que no quedaba presupuesto. Otros tiempos…

Un año después, en «Desde Rusia con amor», James apareció en las escenas iniciales en un Bentley Sports Tourer de 4.5 litros, entre los autos favoritos de Ian Fleming.

Sean Connery con el DB5
Sean Connery con el DB5

La oportunidad de oro

En 1959, en el momento en que publicó la novela Goldfinger, en sustitución de su Bentley personal, Fleming subió al 007 en un Aston Martin DB3 gris metalizado. El autor ha incorporado al coche unos accesorios «destacables» como un compartimento misterio para albergar el Colt 45, un marco y un paragolpes reforzados, un pequeño emisor-receptor escondido en la guantera y un sistema para cambiar el color de los faros según la normativa. país. por el que circula.

En el otoño de 1963, los productores Harry Saltzman y Ken Adam prepararon la versión cinematográfica de Goldfinger. Adam tiene un Jaguar E Type y su iniciativa inicial es que la firma de Coventry provea una unidad de este modelo a Bond. Mas Jaguar no está entusiasmado en el emprendimiento. Por contra, David Brown, propietario de Aston Martin, les da el «sí» siendo conscientes de la oportunidad que representa la película para promocionar su nuevo DB5.

Y on line con la iniciativa de Fleming, Saltzman y Adam persuaden a los ingenieros de Aston Martin a fin de que, basándose en el DB5 de color plateado (originalmente rojo y chasis DP 216/1)) desarrollen un coche con todos los componentes que se necesitan para el «trabajo» de su dueño. Y estos fueron más allá de lo que Fleming había soñado, incorporando dos ametralladoras escondidas bajo las luces laterales, un taburete de pasajero que disparaba a través del techo (nunca si esta compañía era una chica Bond), un difusor de aceite (para hacer deslizamiento de los perseguidores), más humo, una placa de protección contra las balas que salen tras la luneta trasera, ruedas traseras con palas al estilo de la cuadriga Messala en «Ben Hur», o tres placas remplazables: LU 6789 (Suiza); BMT 216 A (Reino Unido) y 4711 EA 62 (Francia). La idea de las placas de matrícula fue un concepto del director Guy Hamilton después de ser multado numerosas veces en Londres por estar estacionado alén del tiempo permitido.

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4 unidades y numerosos misterios

Se edificaron 4 Aston Martin DB5 para «007». De estos, sólo dos fueron usados en el rodaje de «Goldfinger» y «Thunerball» («Operación Trueno» en España). El primero (chasis DP 216/1) con toda la parafernalia asociada se utilizaría para situaciones destacables y un segundo (chasis 1486 / R) con menos accesorios se utilizaría para filmar escenas de acción en la carretera. Y las otras, dos réplicas que Eon Productions había construido en 1965 del Aston «Bond» (chasis 2008 / R y 2017 / R), estaban destinadas a objetivos promocionales pero nunca aparecieron en las películas.

Tras el éxito de «Goldfinger», en la película de 1965 «Thunderball» Bond proseguirá usando su DB5, que se verá de nuevo en numerosos cameos como «The Cannonbal Run» dirigida por el propio Roger Moore.

La narración de estos 4 DB5 está llena de leyendas y misterios: uno desapareció en 1997 en Florida y hasta hoy no se conoce nada sobre esto. Otro fue comprado por un excéntrico estadounidense llamado Jerry Lee para preservarlo, de entrada, en una habitación principalmente decorada y que al final sería subastado en 2010 con objetivos benéficos (3,5 millones de euros). La tercera unidad, con el chasis 2008 / R, fue restaurada en 2012 y en una subasta de RM Sotheby’s celebrada en Monterey en 2019 superó los seis millones de euros.

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Y cómo las considerables estrellas volverán a la pantalla. Luego reaparecerán como homenaje en «Golden Eye» (1995) y en «Tomorrow Never Dies» (1997), la primera de Pierce Brosnam.

En 1987 Timothy Dalton en «High Tension» («The living Daylaigths» era su título original) emplea un Aston Martin pero en un caso así no es un DB5 sino más bien un V8 Vantage listo con esquís automáticos para nieve, rayo láser y misiles . Se utilizaron dos Vantages durante el rodaje, a los que se agregaron numerosos cuerpos de fibra de vidrio para rodar algunas situaciones. Estos se fabricaron en Italia con el consentimiento de la marca, que requirió la utilización de sus moldes patentados. Hoy en día, ciertas réplicas sobrevivientes se tienen la posibilidad de encontrar en Pinewood Studios.

Infidelidad

Bond le será infiel a Aston Martin (que jamás perdonan los puristas). Después de subirse a un Lotus, la más infame de estas infidelidades ocurrió en 1995 cuando, por medio de un contrato multimillonario con BMW, su automóvil personal se convirtió en un Z3 en «Golden Eye». Después se subiría a un Z8 además de «El planeta no es bastante» consumiendo la traición.

Mas volverá al Aston Martin (en este caso un Vanquish V12) en «Muere otro día» (2002) con Pierce Brosnam al volante tras pagarle a Ford, dueño de la marca Newport Pagnell, 35 millones de dólares americanos a la productora. Y desde entonces Bond no ha bajado jamás, poniéndose al volante de los modelos actuales e incluso del DB5 original como en «Casino Royale» (2006), la primera de las películas protagonizadas por Daniel Craig.

Sean Connery no ha conducido un DB5 más de un par de veces, pero el coche deportivo de la compañía británica ha aparecido en seis películas de 007. Y ahora se sabe, la fascinación por determinados autos, como los diamantes, puede ser eterna.

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