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Cómo comunicar piso sin que la convivencia se convierta en un infierno

Cómo comunicar piso sin que la convivencia se convierta en un infierno

Platos sucios amontonados en el fregadero, rollos de papel del váter gastados que jamás se reemplazan, pelos en el desagüe de la ducha, luces que se dejan encendidas todo el día, música a todo volumen, visitas inesperadas a horas intempestivas… Son situaciones que alteran hasta la convivencia más pacífica, y que no son inusuales en los pisos compartidos.

En España, la costumbre de independizarse recién cumplidos los 18 años no está tan arraigada como en USA o los países nórdicos, mas aunque tarde, la mayor parte acaba yéndose. Más de uno preferiría emanciparse solo, más a esas edades ya un poco tardías, pero no solo es estimar, es poder… llegar a final de mes. Y es difícil, debido a que el alquiler en solitario puede llegar a ‘comerse’ hasta el 85,4% del salario de los menores de 30 años, según datos del Consejo de la Juventud (CJE).

A pesar de que los protagonistas de la serie ‘Friends’ nos han hecho opinar que la convivencia con amigos es simple, la verdad es considerablemente más compleja… y no tan divertida. Para evadir que el día a día se convierta en un roce continuo hemos pedido consejo a dos expertos.

«Nos hayamos ido a vivir con un amigo o con un desconocido es considerable comprender lo que se estará dispuesto a tolerar en la vivienda y lo que no. Llevar a cabo una lista de ‘líneas rojas’ o puntos principales que puedan modificar nuestro confort en la vivienda puede ayudarnos a decidirnos sobre un piso u otro más fácilmente. No debe ser una lista muy larga y puede incluir ideas como: si los compañeros fuman, si tienen mascotas, si se comparten los costos, cómo se organiza la limpieza de la vivienda o bien cuáles son las ‘reglas’ para invitar a gente a casa», orienta David Blanco Castañeda, sicólogo sanitario del gabinete Cenit Sicólogos.

El especialista recomienda, además, «quedarse en pisos donde se conozca ligerísimamente a los pertenecientes, si es que existe esa posibilidad, y explotar las entrevistas anteriores para detectar cosas que no nos agraden y hacernos una primera impresión de nuestros futuros compañeros».

Además es atrayente optar por viviendas donde no nos soliciten demasiadas condiciones, con el fin de que podamos marcharnos cuando queramos. Para ello, hay que fijarse además en el tipo de contrato de arrendamiento que firmamos. En un contrato solidario el impago de la parte correspondiente a uno de los inquilinos o bien la marcha de uno de ellos va a hacer al resto responsable de esos gastos, mientras que en un contrato mancomunado si entre los ocupantes no paga, el propietario no se lo puede reclamar al resto.

«Una vez instalados, debemos darnos un tiempo de adaptación», destaca Mª Victoria Sánchez, psicóloga clínica en Conjunto Laberinto. «Todo lo más reciente necesita un desarrollo de ajuste psicológico, así que lo mejor es ser tolerante».

Aunque no hay una receta mágica que garantice la convivencia perfecta, estas son algunas claves.

Claves para un hogar armonioso

Fijar reglas desde el comienzo

Sobre la limpieza, la adquisición, quién cocina, si se come o bien cena juntos, sobre llevar gente a casa, los ruidos… «Se pueden, inclusive, poner por escrito para que quede perseverancia», sugiere María Victoria Sánchez. «Se trata de buscar una organización satisfactoria para todos, que genere la sensación de ‘hogar seguro’ y que asista a impedir futuros enfrentamientos», añade.

Flexibilidad y tolerancia

Es aconsejable ser flexible, espléndido y condescendiente con las costumbres de los demás. Ejerce la empatía y pregúntate: ‘¿qué puedo llevar a cabo yo a fin de que todos convivamos más a gusto?’. «La autonomía en las tareas de casa o el manejo de los gastos y la seguridad sensible también son cualidades importantes para convivir que tenemos la posibilidad de desarrollar antes o bien a lo largo de la convivencia», sostiene David Blanco.

«Hay personas a las que les cuesta decir lo que les molesta porque tienen temor de llevar a cabo daño a la otra persona, con lo que evitan el enfrentamiento. A la larga eso es peor. Deberíamos comunicar nuestras intranquilidades lo antes posible para evitar que se enquisten», recomienda Sánchez. Para eso eso es muy importante crear un ámbito en el que se logre dialogar. «Hay que tomarse las ocasiones de enfrentamiento como algo normal», destaca Blanco. Eso sí, las críticas hay que hacerlas «sin agredir» y, si el motivo de la crítica somos nosotros, lo destacado es percibir, no ponerse a la defensiva y ofrecer una solución para el futuro o bien llevar a cabo algo por la otra persona que alivie el daño provocado.

No ofrecer por hecho las cosas

Al convivir con un amigo se puede llegar a pensar que este debe entender lo que nos molesta porque nos conoce, mas no es de esta forma. Los amigos saben cómo somos fuera de casa, pero no dentro. Por eso, «si algo nos molesta, lo destacado es comentarlo cuanto antes y así evitar malentendidos», insiste Sánchez.

4 jóvenes nos narran su día a día

Jorge García

«Es agradable poder comunicar unas risas con un amigo tras un mal día»

Jorge García (30 años) es asturiano, mas cambió los Picos de Europa por el asfalto madrileño cuando se trasladó a trabajar a la capital hace más de cinco años. Desde entonces comparte piso con un amigo de la infancia. Sobre ello afirma: «La convivencia es buena y fuera de casa proseguimos realizando proyectos. Compartimos los costos a medias, inclusive la comida, que elaboramos juntos para aprovechar recursos. Lo peor es que no poseemos organizadas las tareas y, como él es más desordenado, yo asumo una gran parte de la limpieza. Aun así, es gratificante poder comunicar unas risas con un amigo tras un mal día».

Carlota Aynat

«Lo peor es perseguir al más desordenado a fin de que recoja»

Carlota Aynat (25 años) comparte piso en Madrid con otras dos chicas, una de ellas, popular suya. Aunque es madrileña, decidió independizarse porque la convivencia con sus progenitores no era buenísima. Lleva de este modo siete meses y el cómputo es positivo: «La verdad es que no coincidimos bastante, pero cuando lo hacemos nos ponemos al día. Normalmente, cada una recopila lo propio, mas hay una más desordenada que el resto y perseguirla para que recoja no es interesante. Por suerte, tenemos un individuo que nos asistencia con la limpieza una vez a la semana». Con respecto al confinamiento: «Lo pasé sola y, aunque tuve altibajos, me gustó tener la casa para mí».

Luna Medina (24 años) procede de Toledo, pero vive de alquiler en La capital española. Se trasladó con una amiga de siempre y, más tarde, se les unió una tercera. De este modo lleva tres años, aunque pronto llegarán a su fin porque, próximamente, se mudará a vivir con su novio. Sobre esta etapa admite que lo destacado fué el apoyo mutuo y la buena organización. «Cada una limpia una semana y los costos los pagamos en común», cuenta. El confinamiento además les ha unido. «Nos hemos amoldado para hacer cosas juntas y entretenernos: cocinar, ver películas… Lo más bien difícil será despedirme de . Me va a dar mucha pena y las echaré de menos», confiesa.

Jaime Ruiz

«Lo que más me incomoda es traerme un ligue a casa»

Jaime Ruiz (27 años) también comparte piso desde julio, cuando se mudó desde Ciudad Real a Madrid, con dos chicas que al principio no conocía de nada. «De ahí que, no hacemos muchas cosas juntos y llevamos vidas muy independientes», reconoce. Aun así, la convivencia es buena. «No tengo quejas con la limpieza y para ordenar los costos usamos la ‘aplicación’ Tricount, que nos permite anotarlo todo y hacer cuentas», expresa. Lo que más disfruta de compartir piso es que «nunca estás solo y siempre hay alguien con quien charlar». Lo malo: «llevar un ligue a casa sabiendo que están ahí mis compañeras me resulta un tanto incómodo».



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