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El desafío de TikTok, la Nueva Ruta de la Seda y el imperio económico chino


Napoleón dijo que China era un gigante dormido al que había que dejar que continuara su sueño porque cuando despertara haría temblar al mundo.

China despertó en 1978 y el mundo no tembló. Pero sí observa con creciente preocupación que el gigante asiático ha optado por un nacionalismo desenfrenado, con tintes imperialistas.

El espectacular crecimiento económico de China la ha convertido en el mayor competidor de Estados Unidos, que durante más de medio siglo tuvo la hegemonía económica mundial, sin que ningún otro país lograra eclipsarlo.

Ahora, los dos gigantes se enfrentan y cada uno juega sus cartas: ante los controles chinos a la inversión extranjera mientras invierte en terceros países, Estados Unidos ataca con amenazas de prohibición y acusaciones de espionaje industrial.

Estados Unidos ha logrado una victoria sobre China con la venta de un porcentaje de TikTok a Oracle y Walmart. Pero la guerra comercial (fría) apenas ha comenzado.

Campeón excedente

La primera manifestación de ese nacionalismo es el comercio internacional. China ha exportado lo que quiso a donde quiso sin problemas. Sin embargo, para proteger a sus empresas, sigue limitando las importaciones contra las normas internacionales.

Además, sigue utilizando la cláusula de la nación más favorecida. Esta cláusula permite a un país de bajos ingresos mantener tarifas altas mientras se desarrollan sus negocios.

La verdad es que China es un país de ingresos medianos altos, según el Banco Mundial. Por tanto, ya no debería seguir restringiendo las importaciones mediante aranceles elevados. Sin embargo, continúa haciéndolo, a pesar de las protestas de Estados Unidos y la Unión Europea. Esta desigualdad es una de las causas de la guerra comercial con EE.UU. y de las crecientes diferencias con la UE.

Gracias a esta política, China acumula año tras año grandes superávits comerciales. El enorme volumen de recursos que aportan se utiliza, en primer lugar, para comprar empresas en todo el mundo, especialmente para adquirir su tecnología. También lo hace para impulsar la expansión de sus multinacionales, como explica Lourdes Casanova, profesora de la Universidad de Cornell, en su libro The Era of Chinese Multinationals: Competting for Global Dominance.

Control de las inversiones extranjeras

Para llevar a cabo estas operaciones, China utiliza sus multinacionales, o su fondo soberano, China Investment Corporation. Según datos del informe Sovereign Wealth Funds 2019, este fondo gestiona un volumen de activos equivalente al 90% del PIB español. Esos recursos provienen del gran superávit comercial de China.

El gobierno chino, por otro lado, no permite que los inversores extranjeros adquieran libremente empresas chinas, especialmente tecnológicas. Tampoco permite que muchas empresas extranjeras operen libremente en su mercado. Solo pueden hacerlo a través de acuerdos con empresas locales a las que tienen que transferir tecnología y conocimiento.

Esta asimetría está generando mucha fricción con Estados Unidos y Europa. Se vio cuando, en 2016, la empresa china Midea se hizo cargo de la alemana Kuka Robotics, una empresa de robótica de vanguardia.

China, por su parte, intenta bloquear este tipo de operaciones cuando sus intereses se ven afectados. Este es el caso de la compra de ARM Holdings por parte de la empresa estadounidense NVidia. Los microprocesadores fabricados por ARM se encuentran en el 95% de los dispositivos inteligentes. Unos microprocesadores que China considera estratégicos y, por tanto, intenta bloquear la operación.

5G, video para adolescentes y espías

Luego están los problemas relacionados con el espionaje industrial. En julio pasado, el gobierno de Estados Unidos cerró el consulado chino en Houston, alegando que estaba espiando a empresas que desarrollan y utilizan tecnologías de vanguardia.

Estados Unidos ha instado a los países occidentales a vetar a Huawei en el desarrollo de sus redes 5G, considerando que sus dispositivos facilitarían el espionaje industrial del gobierno chino.

El mismo argumento se utilizó para amenazar a la tecnología china ByteDance para prohibir las operaciones de TikTok en EE. UU. En este caso, alegó problemas de seguridad nacional, debido al acceso a los datos personales de millones de estadounidenses.

La condición impuesta para levantar el veto fue que ByteDance vendió parte de la filial estadounidense de TikTok a una empresa norteamericana. En un acuerdo de última hora se ha cerrado la venta del 20% a Oracle y Walmart con lo que, aparentemente y por ahora, se resuelve el conflicto.

El precio de la moneda como arma comercial

China también utiliza los recursos para intervenir en el mercado cambiario. Se trata de mantener infravalorado el renminbi (el yuan), para favorecer sus exportaciones ya que los precios son más bajos en dólares.

Para ello, utiliza el fondo soberano de la Administración Estatal de Divisas, dotado de activos equivalentes al 65% del PIB español. Según el índice Big Mac, una medida aproximada de la subvaluación o sobrevaloración de una moneda elaborada por The Economist, en 2020 el renminbi chino estaría infravalorado frente al dólar en un 45,7%. Esto facilitaría sus exportaciones a Estados Unidos.

Por mar y tierra

China también invierte en países en desarrollo para garantizar el acceso a materias primas y alimentos. Las inversiones se realizan a través de multinacionales chinas o del fondo soberano de inversión China Investment Corporation. En la mayoría de los casos emplean mano de obra china en lugar de trabajadores locales. De esta forma, estas inversiones apenas ayudan al desarrollo de los países receptores.

Finalmente, está la iniciativa One Belt, One Road, también conocida como la Nueva Ruta de la Seda. Está financiado principalmente por China a través del Banco de Desarrollo de China.

Esta institución otorga préstamos a países en desarrollo, tanto en Asia como en África Subsahariana y América Latina para la construcción de infraestructura. En esencia, se trata de conectar el país con los mercados de productos chinos en Europa, Asia y África a través de rutas terrestres y marítimas.

La iniciativa ha sido muy cuestionada. El primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamed, llegó a describirlo como una nueva forma de colonialismo. Esa crítica se repite en otras naciones asiáticas y africanas.

El temor que muchos albergan es que estos créditos debiliten la soberanía nacional de los países acreedores. Incluso temen que abra las puertas a la intervención política y comercial de China en esos países, muchos de los cuales tienen dificultades para pagar sus préstamos.

Incertidumbres geopolíticas

China quiere vender, pero no quiere comprar. Y este nacionalismo económico no gusta en EE.UU. y la UE.

A esto se suma lo que está sucediendo en Hong Kong, o con la minoría uigur en Xinjiang, o con la construcción de islas artificiales en el Mar de China para que los chinos amplíen sus aguas territoriales a costa de sus vecinos, o con los recientes armados. enfrentamiento entre tropas chinas e indias en el Himalaya.

El despertar chino no está sacudiendo al mundo, pero lo preocupa mucho.

Artículo publicado en ‘La conversación’.

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