Inicio Economía El plan de recuperación del covid-19: emergencias y ausencias significativas

El plan de recuperación del covid-19: emergencias y ausencias significativas


El Gobierno de España acaba de presentar su Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía, necesario para coordinar la movilización de los importantes recursos financieros que vendrán de la Unión Europea en los próximos tres años.

Un plan que, a falta de conocer los detalles (ya se sabe que «el diablo está en los detalles»), resulta ambicioso tanto por la movilización de recursos que supone (72.000 millones de euros) como por su estructura, organizado en 10 políticas de conducción.

Además, quiere abordar tres grandes retos: la recuperación (un impulso a la economía a corto plazo), la transformación (entendida como el impulso al crecimiento a largo plazo y su sostenibilidad) y la resiliencia (quizás más difícil de definir pero que es llamado a dotar a la economía de una mayor flexibilidad y capacidad para que todos se integren al cambio).

El plan está lleno de buenas intenciones. Pero, como suele ocurrir, puede encontrarse con serias dificultades en su implementación derivadas de las condiciones de partida, muy deterioradas por la incompleta recuperación de la crisis de 2008 y el duro golpe del covid-19 en España.

La urgencia de la recuperación y de seguir manteniendo el apoyo temporal más allá de lo previsto puede contradecir la necesidad de articular políticas económicas de largo plazo.

La ampliación del ERTE

Un ejemplo de lo anterior se ve en los ERTE y su necesidad de una extensión. Suponen recursos importantes, movilizados con un horizonte inicial corto pero que la profundidad de la crisis se ha prolongado y que tienen el riesgo de mantener, artificialmente, empresas zombis; Empresas no competitivas que sobreviven solo por el apoyo que están recibiendo.

La idea de «condicionar» (palabra maldita derivada de la pesadilla que recuerda a «la troika») sus futuros desembolsos a la necesidad de cambios en las empresas para ganar competitividad es solo una pequeña muestra del desafío que enfrenta este plan.

Parece que el Gobierno quiere salvar esta relación de intercambio entre el corto y el largo plazo movilizando un inmenso volumen de recursos en tan poco tiempo, intentando compatibilizar las políticas de estímulo (movilizar el gasto público para empujar una economía maltrecha) con políticas de reforma estructural. o crecimiento a largo plazo, que requiere mayores periodos de madurez en su diseño e implementación.

Quizás el riesgo de haber apresurado en el diseño del plan podría ser pequeño si tenemos en cuenta que existen numerosos estudios que «consolidan» un diagnóstico sobre la necesidad de implementar políticas de largo plazo, y un cierto consenso sobre lo que deberían ser. . Y muchos de ellos están incluidos en alguna de las 10 políticas de conducción que contiene el plan.

En cualquier caso, llama la atención en la presentación de un plan (ya sabemos que es un requisito de Bruselas) que no hace referencia en su presentación a las conclusiones alcanzadas en la Comisión de Recuperación del Congreso (aunque en algunos apartados suena la música) o con un aval científico más claro, como el que ostenta el Consejo Asesor de Asuntos Económicos del Gobierno, integrado por reconocidos especialistas en diferentes ámbitos económicos que fueron nombrados el pasado mes de julio. Parece que el tiempo apremia.

¿Una suma de planes existentes?

Por tanto, podría parecer que el plan es el resultado de la suma de planes existentes pero que requeriría una visión más estratégica e inclusiva, cuyo objetivo debería ser incrementar la capacidad de crecimiento a largo plazo de la economía española, cuya evolución Ha sido decepcionante en los últimos veinte años cuando se analiza la evolución del indicador básico que mide la capacidad de crecimiento a largo plazo: la productividad total de los factores productivos de una economía.

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Así lo demuestran las numerosas investigaciones del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas o más recientemente las formuladas por el propio Banco de España en su informe anual publicado a finales de junio de este año.

A la urgencia de la presentación se suma el desafío de implementar políticas particularmente complejas en poco tiempo. La articulación de líneas de apoyo a las empresas, de cambios en la cultura empresarial, no solo tiene que encontrar las capacidades de quienes escriben en el BOE (la administración) sino también la capacidad de absorción de un tejido económico que no es capaz de proponer proyectos. con suficiente impacto.

Articular políticas que ayuden a las empresas a invertir más en innovación, de forma más sostenida en el tiempo o en tecnología verde y con resultados positivos es, sin duda, más difícil que planificar y ejecutar kilómetros de AVE, por ejemplo.

Así lo indica la Fundación COTEC, en sus diferentes informes, donde no solo ofrece un diagnóstico en el que indica la necesidad de incrementar los recursos públicos y privados, sino de hacer más y mejor uso de los existentes y articular políticas estables en estos. áreas.

Y la estabilidad es precisamente un último riesgo que se corre en la presentación del plan, que debe contar con los consensos necesarios para que estos esfuerzos iniciales (en tres años) no se vean comprometidos por cambios de rumbo posteriores. Ninguna póliza a largo plazo es efectiva si está sujeta a cambios continuos (ver como ejemplo la política educativa española).

Ausencias del plan

Finalmente, llama la atención que, a pesar de la ambición del plan y sus políticas de amplio espectro, hay ausencias muy notables de otras políticas que también afectan a la recuperación, transformación o resiliencia y que deberían haber sido incluidas para una mayor coherencia.

En la presentación pública se ha hecho una muy breve alusión al Pacto de Toledo. La sostenibilidad de las pensiones y, por extensión, de las cuentas públicas será un imperativo en los próximos años.

El déficit estructural (más allá del provocado por Covid-19) o el volumen de endeudamiento son dos aspectos que hay que abordar, aunque sean temas incómodos.

También lo es la reforma laboral para acabar con la dualidad en el mercado laboral, la necesidad de incrementar el tamaño de las empresas (demasiado pequeñas para ser eficientes y con barreras para sumarse a la tendencia de digitalización, internacionalización o innovación) o pensar en una reforma en profundidad para modernizar el sistema tributario y financiero regional.

Temas que han sido los grandes ausentes en una presentación sobre políticas necesarias, la revolución verde y azul, según el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Artículo publicado en ‘La conversación’.

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