Ismael Iglesias y su equipo, dispuestos a deleitar a los invitados de Rita Donostiarra. / LUIS MICHELENA

David De Jorge

Ismael Iglesias es un tiarrón que camina por su restaurante con aire de «pilier» de un equipo de rugby, preocupado por el bienestar de todos sus clientes, al cruzar la barra corta una ración de jamón a un cliente caliente y brillante su ‘Berkel’ o asiste con atención a un anuncio que le ofrece conservas de verduras de la misma llanura que Mendavia. Bajo ese marco de buey de la raza Simmental se esconde un niño de la aldea toledana de Illescas, que, cansado de estudiar mal, la madre que dio a luz a ‘Panete’ y la tabla de multiplicar del siete, ha puesto en dificultades a sus hijos. lo que lo empujó al mercado laboral. «Si no quieres ir a la escuela, irás a trabajar para ser un lucrativo», le dijeron sin dudarlo. Dicho y hecho, colgó su bolsa de carpintero al hombro con gubias, cinceles, lápiz, sierras, pinceles, lijas y martillos y de los quince a los veintisiete años rebuscó como loco pintura y laca, tomándose el cariño el uno al otro y levantando callos en manos de tamaño desproporcionado, ¡qué victoria!

El pequeño siempre fue una delicia y los ranchos con sus compañeros eran las olimpiadas del verdadero infarto, porque
Desde muy joven atesoraba una pasión desmedida por las patas y las espinillas y una gracia natural en la cocina.Todo hay que decirlo, ya que siempre ha sabido desenvolverse con gran soltura, elaborando guisos, guisos y asados ​​de todo tipo y condiciones. Allí continuó con las vigas y los tratamientos antitermita, pero nunca quitó la pizca de convertirse en un cocinero profesional serio y rentable como los que aparecían en la televisión.

Así llegó un día en el que se hartó de lo suyo, ya que su oficio dejó de ser manual y artesanal para convertirse en puro ensamblaje y procesamiento de piezas traídas de la China mandarina. Pasar cientos de horas a pie repitiendo los mismos movimientos de una momia se ha convertido en un martirio en la vida y una roca insoportable, ¡que se da por hecho! Se despidió del trabajo, le dio a sus padres cuatro besos en las mejillas, rompió la caja de ahorros y …
Marchó hacia la tierra prometida, el muelle de San Sebastián y la escuela de cocina de Luís IrízarBueno, soñaba y quería ser cocinero, el mejor trabajo del mundo.

RITA (DONOSTIA)

  • Dirección:
    Paseo Duque de Mandas, 6 – 8.

  • Teléfono:
    943 507 288

  • Atmósfera:
    Bolsillo moderno.

  • Cocina:
    Todo publico.

  • Con quien:
    Con amigos / En pareja / En familia.

  • PRECIOS

  • Jamón ibérico con cuchillo
    24 euros

  • Anchoas de Santoña con papada
    18 euros

  • Filete de tartar de carne
    20 euros

  • Lubina a la plancha con puré de apio
    20 euros

  • Callos tradicionales
    16 euros

  • plato de queso
    17 euros

Hecho
practico en todos los elegantes bares que le han dejado entrar y se ató el delantal con fuerza, echando raíces con tanta avidez que acabó casándose con una guipuzcoana con la que aguarda la llegada de su tercer churumbel, ¡ese Cristo! entonces el tuyo
Rita es el sustento que alimenta a su familia y los de sus colaboradores y proveedores directos, agricultores, panaderos, queseros, enólogos, pescadores y carniceros. El restaurante es espacioso y mezcla en diferentes ambientes el vecino que viene a leer El Diario Vasco, la currela de corte que apura una porción de calamar antes de volver a la tabla de cortar, las mesas de parejas enamoradas y esas bandas de gourmets que quieren aprovechar. del carácter camaleónico del mecenas, porque hace artes aplicadas, cocinando a todos lo que quiere, sin enloquecer a la multitud, ¿quieres huevos fritos?

El carrito de queso de Rita debe considerarse un monumento protegido en el barrio de Egia

La
clásicos realizados con mucha mano se entremezclan con licencias más creativas, pero nunca pierden el fil rouge de una buena materia prima, columna vertebral de un menú apetitoso. El fabuloso pan del kuskurro de los amigos justifica el ibérico bien cortado o unas anchoas de Santoña cubiertas con una agradable papada. Hay ostras, txangurro a la Donostiarra, legumbres limpias de temporada y maqueados con almejas, filete de tartar de ternera y postres incomparables. Se aburren de los corvejones, callos tradicionales y sostienen brasas en las que asan lubina, rape, rodaballo o chuletas de campeonato, servidas con abundante lechuga y patatas fritas. El carrito de queso debe considerarse un monumento protegido en el distrito de Egia. Ismael sigue sonriendo a una parrilla de ensueño con tres cuerpos que pronto instalará en su cocina, por lo que pronto volveremos a inaugurarla. La terraza es el mejor lugar para tomar su café y enchufar su cepillo de puros mientras se sacude los copos de hielo en un trago largo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí