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La mala popularidad de la suegra y el cuñado

La mala popularidad de la suegra y el cuñado

En mi pueblo hacen el chiste de que nuera es ‘no-era’, es decir, que no eres de la familia. La relación con la suegra es extraña. Parece querer competir contigo en todo… y salir ganando, claro. Con lo que te pone la comida más calórica que se le sucede cuando andas a dieta y así puede decir delante de todos: ‘Es que nunca comes nada’. Es un modo de relación, casi como un juego. Mas mi suegra es buena persona y en temas feministas hacemos piña». «En mi caso, es exsuegra, porque estoy separada de su hijo. Obviamente no tengo la seguridad que tengo con mi madre, mas me ayuda en lo que puede. Me echa una mano con los niños y no se mete más de lo necesario, cosa que agradezco». Y con el cuñado, ¿qué tal? «Hay veces en que nosotros somos los más cuñados de todo el mundo. , en lo personal, adoro a los míos. Bueno, a prácticamente todos… y me imagino que a ellos les va a pasar lo mismo conmigo. Unos días me adorarán y otros me querrán echar de la familia». «A veces pienso que por qué mi ADN, que tampoco digo que sea una maravilla, se debe combinar con el suyo. Anda, que de este modo va a evolucionar la especie… Lo estudia Darwin y se pega un tiro». Aunque enmascarado en la chanza, es este un retrato muy real de los roces con la familia política, simbolizados en las figuras de la suegra y el cuñado que el tópico ha llevado al radical. «El cliché es exagerado. De todos modos las encuestas sociológicas patentizan que nos llevamos muy bien», asegura Luis Manuel Ayuso, profesor de Sociología especialista en familia de la Universidad de Málaga.

Aunque el «choque» está ahí y es casi ineludible: «En el momento en que te emparejas se genera una colisión entre dos etnias. En la casa de tu madre se han hecho siempre las lentejas con laurel y en la de tu marido las han preparado comúnmente con clavo. Entonces vosotros creáis una nueva cultura familiar, propia y fundamentada en cesiones que habéis hecho ambos en relación a los valores políticos, académicos, religiosos… las prácticas en el momento de comer, o de ir de vacaciones… que teníais en la familia original. Y decidís que en ese nuevo hogar que habéis creado las lentejas se hacen con chorizo. Pero viene la suegra a comer un día y te suelta: ‘Pero, mujer, ¿cómo les echas chorizo? A las lentejas se les echa clavo, que mi hijo las ha comido de esta forma toda la vida’. Y eso genera conflicto». El ejemplo, más una metáfora que otra cosa, lo pone el sociólogo para argumentar ese fenómeno de masas chocando que se produce en el momento en que se pasa de «la díada a la tríada, de ser dos a ser tres». «Ahora lo estudió hace un siglo el sociólogo y filósofo alemán Georg Simmel y no cambió la cosa. Igual que el nacimiento del primer hijo exige una readaptación al pasar de dos personas a tres, eso mismo sucede en el momento en que nos emparejamos, que aparece un ‘tercer’ elemento, en un caso así la familia política, y genera inestabilidad».

«El que charla de sobra»

Una ‘inestabilidad’ que el tópico echa sobre las espaldas de la suegra y el cuñado, los dos parientes en fachada más «distorsionadores, especialmente el cuñado. Porque la suegra tiene otro estatus. En sociedades tan matriarcales como la nuestra, donde la mujer fué la referencia de la esfera privada, la suegra es como esa ‘mamma’ italiana, no se hace nada que no pase por sus manos. Además, suegra vas a tener una sola, salvo que te separes. Pero cuñados igual tienes 4 porque tu hermana cambia de pareja, así que el cuñado es un pariente que va y viene». Elisa Sánchez, sicóloga, ‘coach’ y mediadora especialista en salud laboral, asegura la teoría de Luis Manuel Ayuso con datos: «Existe una investigación sobre cuáles son la gente que más interfieren en la relación de pareja. Y el 56% de los entrevistados confiesa que esa persona es el cuñado o bien la cuñada. Seguidamente hace aparición la suegra».

– ¿Por qué razón esa mala fama de los cuñados?

– El cuñado es esa figura que según el tópico maneja, que habla de más, que dice tonterías… ¡Pero si hasta hay un insulto que afirma: ‘¡No es seas cuñado!’. Aunque bien es verdad que hay cuñadas que se llevan casi como hermanas. Mas es raro.

«La suegra tiene otro estatus que el cuñado, es un tanto como la ‘mamma’ italiana, la figura fuerte en la esfera privada»
luis manuel ayuso

Es mucho más recurrente, sostiene la especialista, que a la cuñada (o bien al cuñado) le observemos como esa persona «que se entromete», aunque lo lleve a cabo sin maldad. «Mi madre tuvo muchos hermanos, conque con ninguno de ellos tuvo una relación principalmente angosta. Pero en las familias en las que somos dos o tres hermanos, ese vínculo es muy fuerte. Yo he jugado mucho con mis dos hermanos. Y de mayores nos sentimos con la seguridad de opinar sobre todo lo que les perjudica. ¡Incluidas sus parejas! Lo que nos transporta, a veces, a extralimitarnos». A hacerlo y a sufrirlo, claro. «Imagínate que tu pareja y comentáis que estáis pensando en comprar un piso. Lo contáis a lo largo de una comida familiar y entonces la hermana de tu marido comienza a decir que menuda tontería, que no es el momento… Lo hace, probablemente, porque tiene mucha seguridad con su hermano, es decir, con tu marido. Pero esas intromisiones afectan a la relación de pareja».

La comida del domingo

Intromisiones que se agudizan cuando hay niños. «No es extraño que en el momento en que tienes un hijo tu suegra realice comentarios sobre la ropa que le pones, sobre la comida que le das…», advierte Elisa Sánchez. Lo ve a su alrededor, y en el imaginario colectivo está esa iniciativa también. «Hay cantidad de películas que retratan a esa suegra que se mete en todo, que echa un pulso recurrente con la nuera. Aunque llevado muy al radical, lo refleja muy bien ‘La madre del novio’, en la que la suegra (Jane Fonda) atraviesa una crisis personal que se aguza en el momento en que su maravilloso hijo se marcha a casar. La suegra se siente entonces excluida y emprende una pelea de poder con su nuera (Jennifer López), a la que ve como una amenaza. Tal es el nivel de intromisión que la pareja a punto está de anular el compromiso».

Eso es una exageración, mas algo hay. «Hay ocasiones en las que los conflictos con la suegra están producidos por reacciones que observamos en su hijo, en nuestra pareja. Tiene 40 años pero prosigue dejando todo tirado por ahí porque su madre ha ido siempre detrás recogiéndolo. Y eso crea problemas de pareja. No nos gusta lo que hace nuestro marido y se lo reprochamos a su madre: ‘Le has malcriado y ahora le debo soportar ‘».

– ¿Por qué jamás se reprocha nada al suegro?

Luis Manuel Ayuso: Aunque hay todavía patriarcados en los que el suegro tiene su silla reservada a la mesa y se encara con el yerno porque a ver qué futuro le va a dar a su hija, lo habitual es que el hombre tenga menos presencia y valor en la esfera doméstica. El suegro ha sido, comunmente, como un ‘invitado’. Como tiene menos implicación en el cosmos familiar, se mete menos, y como se mete menos parece más bonachón.

Elisa Sánchez: El tópico dibuja al suegro como ese hombre que pasa un poco de todo, que no opina en las cosas que se refieren a los nietos, que te echa una mano a montar la balda de Ikea o te asistencia si se te estropea el coche.

«Tenemos tanta confianza con los hermanos que nos atrevemos a opinar de todo en su vida y, por supuesto, de sus parejas»
elisa sánchez

Pero esa abuela que opina de todo «es además la que va cada tarde a recoger a su nieto al instituto», de forma que «es conveniente llevarse bien». Pero ese llevarse bien supone renunciar muchas veces a «nuestra individualidad» a favor de unos «rituales que sustentan una sociedad intensamente familiarista como la nuestra». Y de esa contradicción beben además determinados enfrentamientos con la familia política, sostiene el sociólogo: «Resulta que a mí me encantaría salir a tomar el temtempié con los amigos el domingo, pero no puedo porque hay que proceder a comer con los suegros todos y cada uno de los fines de semana. Y debo llevarlo a cabo porque eso mantiene los vínculos de familia».

En cualquier caso, esa ‘mala fama’ de la parentela política, ese tópico, coinciden los consultados, «se está diluyendo». «Muchas suegras de hoy son mujeres que trabajan fuera de casa y no ejercitan tanto de ‘mater familia’ como antes. Y ese ‘distanciamiento’ de la esfera privada se nota además en las relaciones que establecen con sus yernos y sus nueras», enseña Luis Manuel Ayuso. Prueba de que el tópico cojea es que las investigaciones sociológicas patentizan que «en la mayoría de los casos, nos llevamos bastante bien». Poseemos la prueba en ámbas entrevistadas del inicio de este reportaje. «En la familia política, como en nuestra, hay buenos y pésimos. Lo que pasa que a tu madre y a tu padre les pasas cosas que no perdonas a tus suegros…» Y menos aún al cuñado.

La parentela, uno a uno

El yerno, el tipo que «cae bien»:
«En la mayoría de los casos los yernos acostumbran caer bien. Pocos progenitores se quejan de . Salvo caso de que la mujer tenga un inconveniente y no esté a la altura en el momento de brindarle apoyo. Ahí es donde se prueba la seguridad», opina la sicóloga Elisa Sánchez.
La nuera, casi «como una hija»:
«En progenitores que solo han tenido hijos chicos la nuera es muchas veces como una hija. Se la ve como ‘la madre de nuestros nietos’ y es una figura a la que normalmente no se critica y suele ser muy reconocida».
Los primos, «como hermanos»:
«En muchas familias la relación con los primos es tan angosta que terminas considerándoles casi como hermanos. Lo que tiene además su otra cara. Hay tanta seguridad que nos dejamos hacer comentarios como: ‘No aguanto al marido de mi prima’. En ese sentido funcionamos igual que con los cuñados».
Los tíos, «los que te miman»:
«Hay tíos y tías que, aparte de eso, son el padrino o bien la madrina. Igual que sucede con los abuelos, los tíos tienen ese papel positivo dentro de las relaciones familiares. Son esos adultos que te miman y que en el momento en que tienes un enfrentamiento con tus padres no es extraño que busques apoyo en . Los sientes como aliados, como personas que siempre están de parte tuya. Y si son jóvenes tampoco es excepcional que salgas de celebración con ellos».
Los sobrinos, «el vínculo con la infancia»:
«Se tenga o no hijos, los sobrinos siempre representan ese vinculo con la infancia. Y se les llega a querer a veces tal y como si fueran hijos. Una amiga no pudo ir a la comunión de su sobrina por culpa de la pandemia y lo pasó mal. El vínculo tiende a ser realmente fuerte, muy bonito», explica Elisa Sánchez.



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