La patata es un tubérculo muy versátil en gastronomía, cualidad que la convierte en uno de los alimentos más consumidos en los hogares españoles. Y su consumo no para de crecer porque, como muestra el Panel de Consumo del Ministerio de Agricultura, el consumo per cápita de papa fue de 23,7 kilogramos por persona en 2020, lo que representa un incremento de 3,5 kilogramos respecto al ‘año anterior, ya que en En 2019 ese índice se situó en 20,2 kilos por persona y año.

Son datos que pueden sorprender, pero no tanto si empiezas a analizar la gran cantidad de formas en que se consumen las patatas, y también pueden servir tanto como alimento principal como guarnición o guarnición. Y es que la patata es un elemento imprescindible en preparaciones populares como cremas o purés, guisos, guisos, etc.

Esta parte esencial de nuestra dieta tiene una composición nutricional que se distingue por su alto contenido en carbohidratos y alto aporte calórico. También es rico en potasio y vitamina C, aunque esta última puede perderse durante el proceso de cocción. Por ello, y para conservar esta mezcla, se recomienda cocinarlos envueltos en papel de aluminio al horno o al vapor.

Aunque la patata es conocida por algo, es por su alto contenido en almidón y es este elemento el que caracteriza la idoneidad de uso de cada variedad.

Papa nueva versus vieja

Las papas se clasifican en dos grupos, dependiendo de cuándo fueron cosechadas. Las patatas nuevas incluyen las que se han cosechado en su punto óptimo de maduración o antes de su finalización. De piel fina y tersa y un interior de color claro, contienen más agua que almidón.

Las patatas viejas, en cambio, son las que se cosechan tarde. Su piel es más gruesa, su interior más amarillento y se conservan mejor que las nuevas. En cuanto a su composición, son muy ricos en almidón.

Sabiendo esto, cada una de las patatas tiene un uso recomendado en la cocina y este varía en función de la proporción de agua y almidón que disfruten.

La papa vieja, con mayor cantidad de almidón, se utiliza para cocinar, mientras que la nueva, con mayor cantidad de agua, es la variedad ideal para freír.

La variedad con mayor cantidad de almidón, la patata vieja, tiene un poder espesante que recomienda su uso para preparar cremas, guisos, etc. Son óptimas para cocinar ya que tienen un sabor más intenso y, además, absorben muy bien los aromas y sabores del resto de ingredientes.

La patata nueva, en cambio, es la mejor opción para freír porque, gracias a su alto contenido en agua, quedarán más firmes y crujientes, sin volverse negras.

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