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¿Qué hacer a los 80?


Sobrevivieron a los bombardeos mientras, posiblemente, sus madres los amamantaban; pero sufrieron el hambre de la posguerra y las penurias físicas y morales de un país en blanco y negro que les privó de la palabra y de un futuro para sus familias. Muchos emigraron y crearon hogares lejos de sus pueblos, en ciudades y países distantes. Lamentablemente, miles de ellos han sido víctimas de la actual pandemia, que ha cerrado caminos de vida que nunca han sido ajenos al sufrimiento y la injusticia. Los mayores de 80 años son más de 2,7 millones en España, el tercer estado del mundo en el ranking de longevidad de sus habitantes –83,59 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) -.

Los avances sanitarios y técnicos han cambiado sustancialmente la calidad de vida de nuestros mayores, pero no podemos hablar de un grupo homogéneo porque su origen es tan diverso como el territorio en el que crecieron y alcanzaron la edad adulta. Y, en consecuencia, tus oportunidades, tus circunstancias. «Son personas que responden a una enorme pluralidad. La situación de quienes han crecido en un medio rural, sin acceso a los estudios y la gestión de la gestión de la información, es muy diferente a la de los profesionales cualificados, empresarios y docentes, acostumbrados al reciclaje ante las transformaciones ”, explica Lourdes Bermejo. , vicepresidenta de la Sección de Gerontología de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, hace un repaso crítico y reivindicativo de la (escasa) consideración que la sociedad tiene hacia las personas mayores.

La edad es una variable, la que comparte este grupo de personas, pero existen otros factores determinantes como el género, el lugar donde se ha desarrollado su vida, el estado de salud física y cognitiva, las posibilidades económicas, e incluso los valores o ideología. , advierte el especialista. Y señala que el cierre reveló dramáticamente esas diferencias. «Hay personas que no han llegado al ‘smartphone’ y que hablan con sus nietos a través de ‘skype’. Hay personas mayores que devoran diarios y libros a diario y están al corriente de la actualidad, y que no saben leer .

Las tecnologías de la información y la comunicación marcan la diferencia de manera aún más espectacular. Por un lado, están aquellos octogenarios que tienen teléfonos móviles y tabletas, que realizan transacciones bancarias de forma electrónica. Y, por otro lado, aquellos que permanecen ajenos a estos usos cotidianos porque no han estado a su alcance, lo que en estos tiempos de hiperconexión, puede llevar a un cierto aislamiento. Esto no es una anécdota. “La brecha digital genera exclusión social porque no se aprovechan del progreso social y no reivindican sus derechos”, lamenta el experto.

El abismo es inevitable, de ahí que cuando hablamos de las oportunidades que tienen las personas mayores de 80 años tenemos que ir, casi casi, al caso individualizado. Y el caso de muchas de estas personas mayores es el de los que viven solo porque quisieron y porque sus circunstancias lo permiten, algunos asistidos por servicios de teleasistencia que incluyen sistemas de alarma. Mientras que para otros la soledad tiene otro lado menos amistoso.

Pero no sería cierto hablar de este colectivo solo en términos de cómo viven, ya sea solos o acompañados, ya sea en casa o en residencia. Quizás hace veinte años sí, pero hoy no. La mayor esperanza de vida y el aumento del nivel de ingresos de este colectivo han dado lugar a un mercado dirigido a las personas mayores que va más allá de los recursos residenciales. “Han surgido empresas que satisfacen sus necesidades informáticas porque ahora la Administración exige todo a través de la computadora y esa es una discriminación obvia”.

De vuelta con viajes

Más allá de la cobertura de estas y otras necesidades, el ocio también es para ellas. Las alternativas recreativas para lo que antes se llamaba ‘la tercera edad’ constituyen un área de intensa iniciativa empresarial. Y como principal alternativa de ocio, el turismo: viajes ‘jubilados’. Aunque a esto hay que darle un giro, lo consideran en la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. “Es una opción sumamente interesante para luchar contra la rutina y socializar”, pero más que diseñar viajes para personas mayores de 60, 70 u 80 años, creen que se deben ofrecer alternativas a los clientes en función de su estado de salud. . En todas las edades ocurre y en las avanzadas mucho más que las diferencias en cuanto a estado físico y cognitivo son enormes. Por tanto, sería mejor diseñar viajes para personas con buena movilidad y diferentes para personas con movilidad reducida. Independientemente de que tengan 65 u 85 años.

Pero no solo falta un turismo diseñado para las diversas circunstancias de las personas mayores. También hay una falta de «espacios amigables» en las ciudades para ellos, lo que contrasta con la realidad de una sociedad cada vez más longeva. Bermejo ilustra gráficamente el problema con situaciones concretas y cotidianas: «¿Qué hago para comprar, disfrutar del ocio o ir al médico, si no tengo coche? carreras de taxis, un medio muy utilizado por los ancianos? Por otro lado, los accesos al transporte público, que suelen tener escalones altos y parecen agresivos para quienes tienen problemas de movilidad ”, dice.

Y luego hay otro problema, el de la imagen que todavía tenemos de este grupo. Especialmente la imagen que se ha transmitido durante la pandemia. El especialista critica que no hayamos tenido mucho cuidado con el lenguaje, que inadvertidamente se ha transmitido un mensaje de que el Covid-19 solo afectaba a los ancianos como si fuera un mal menor. «¿Cómo lo vives? Como infravaloración social, te lleva a asumir que las personas mayores no valen nada. ¿Cuántas manifestaciones hemos visto quejándose de los fallecidos? ¿Cuántas imágenes de personas bebiendo cerveza sin respetar las medidas impuestas, cuántas fiestas prohibidas? Hemos fracasado como sociedad.

Un hecho sobre el que reflexionar y que se impone contra la corriente de estas circunstancias desfavorables: un estudio firmado por el neurocientífico Daniel Levitin concluye que alcanzamos nuestro máximo nivel de felicidad a los 82 años.

«Podemos perder facultades, pero no ilusión»

Carlos Soria pasó su infancia en una casa modesta sin agua corriente y empezó a trabajar a los 11 años. Cualquiera pensaría que las oportunidades no iban a ser abundantes. Cualquiera menos él. Cada mediodía, iba a la orilla del río Manzanares con su bolsa de comida. «Quería conocer el mundo», recuerda. Siete décadas después, ese chico madrileño que soñaba y soñaba en voz alta ha logrado su propósito. Y lo ha hecho desde arriba, literalmente. La pandemia le impidió viajar, una vez más, al Himalaya, pero la próxima primavera, si el coronavirus lo permite, ascenderá el Dhaulagiri nepalí, los últimos ocho mil desaparecidos de su colección de picos coronados. El secreto de su condición de alpinista activo se basa, según sus propias palabras, en la prudencia. “No he sufrido ningún congelamiento y siempre he vuelto cuando la subida no estaba clara”, dice. Y agrega: «La vida es muy hermosa».

Esa existencia, tan única en un hombre que ha pasado la frontera de los 80 años, se explica también por un estilo de vida espartano que le ha otorgado un estado físico envidiable, a pesar de las dolencias y una prótesis de pierna.

El veterano deportista se levanta a las 6.30 de la mañana, desayuna, entrena y corre por una montaña cercana. Después de tres o cuatro horas de deporte, almuerza siguiendo una dieta que priorice frutas y verduras, frutos secos y carnes blancas. Después de una siesta reparadora, responde a entrevistas como esta, lee mucho, cena y se acuesta antes de las diez de la noche. Aunque, por momentos, rompe con esta rutina como sucedió hace un par de semanas, cuando realizó una ruta por Sierra Nevada, 27 kilómetros en nueve horas de caminata.

En 2010, celebró su entrada en la década de 1980 ascendiendo al pico Lenin, entre las repúblicas de Tayikistán y Kirguistán. Su deseo de viajar no ha disminuido a pesar de que también tiene algunos dolores que se extienden por las articulaciones, la espalda baja y la columna. «Estamos cumpliendo años y se pierden facultades, pero no podemos perder la esperanza».

El consejo de Carlos Soria

Ambición de sentido común:

No renunciar a nada que nos guste si hay ganas, prima la condición física y el sentido común.

Ajuste:

Cuida la dieta y el ejercicio. Tenemos que caminar todos los días.

Otra forma de ‘alternar’:

Relacionarse sin estar con amigos supone eso tan útil de ‘tener algo’. Recuerde que el tabaco y el alcohol destruyen la salud.

Metas:

Las metas y los planes son esenciales. No te despiertes sin saber qué hacer.

Abierto a nuevas formas:

Conocer a otras personas y formas de vida no solo nos enriquece, debe ser parte de nuestra educación.

Los viajes:

Viajar es fundamental porque evita que te encierres en ti mismo, dice alguien que ha llegado al Himalaya sin una expedición, solo y sin saber inglés.

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