La tonalidad dorada, amarilla y ocre que tiñe los árboles recuerda la llegada del otoño a los bosques de Irati. Desde allí, tras haber atravesado varios kilómetros el río del mismo nombre, se llega a Lumbier / Irunberri. Sus aguas han sido testigos mudos de numerosos episodios que han marcado la historia de los valles del Prepirineo navarro. Las limpias y sobre todo frescas aguas del río Irati se encargaron de esculpir las rocas que encontraban a su paso, trazando estrechos y caprichosos pasos. Una obra de arte natural que no pasa desapercibida. Una de sus joyas es la Foz de Lumbier. Un paisaje duro caracteriza este desfiladero, ese estrecho desfiladero excavado por el río Irati y declarado reserva natural en el que sobrevuelan los grifos, observando cada movimiento que se produce en tierra firme.

El tren de Irati

Entre Barrancos de piedra caliza con paredes vertiginosas hasta hace unas décadas viajaba el tren de Irati. Fue el primer tren eléctrico de pasajeros de España. Esta circunstancia le valió numerosas críticas en los periódicos de la época y enciclopedias. Entre 1911 y 1955, los vagones de Irati recorrieron 58 kilómetros de vías electrificadas para conectar Pamplona – Aoiz – Sangüesa.

La La misión principal de ese tren era la silvicultura del monte Irati. y su acercamiento a la fábrica de Aoiz. Sin embargo, pronto se convertiría en un importante transporte de pasajeros para los valles de la zona. A pesar de su prestigio, el auge del automóvil a mediados del siglo XX marcó el fin del ‘Irati’.

Actualmente, 6 kilómetros de esa ruta se configuran como una vía verde permitiendo al visitante caminar lentamente a través de ellos. Varias estructuras recuerdan el pasado ferroviario de la zona. El puente de hierro sobre las aguas cristalinas del río Salazar, a la salida de Lumbier, anuncia el punto de partida de la antigua vía férrea.

El puente del diablo

El recorrido conserva algunas huellas y lo más característico son los dos túneles excavados en la piedra caliza que permiten adentrarse en el desfiladero. A la salida del segundo, esperan las ruinas del Puente del Diablo, del siglo XVI. Un puente de 15 metros de altura que conectaba el dos orillas de la Foz de Lumbier. El popularmente conocido como ‘Devil’s Bridge’ debe su apodo a una leyenda en el que se dice que el puente fue construido por Satanás cuando hizo un pacto con una princesa de la zona.

Liedena es el final del camino y conserva diversos testimonios arquitectónicos de la época. La estación, las vías, los almacenes e incluso las casas del personal parecen mirar en el horizonte esperando la llegada del tren.

Mucho que ver y descubrir

Su espectacular geología y aislamiento durante siglos de la foz, han favorecido la conservación de una vegetación única que puebla las escarpadas rocas, albergando grandes aves rapaces. Un espectáculo incomparable de paredes rojizas de cuyas grietas cuelgan árboles y arbustos y sobre las que descansan grandes aves rapaces. Lo que hace único a este desfiladero es que sus 1.300 metros de longitud se pueden recorrer por la ruta verde que discurre junto al río y al pie de los acantilados que presagian los primeros contrafuertes del Pirineo Oriental navarro.

Este maravilloso entorno ofrece hermosos paisajes llenos de historia a través de los siglos. Un legado humano sostenido por una orografía abrupta, pliegues geológicos pirenaicos y prepirenaicos tallados durante millones de años por cursos de agua que forman cañones, prados y valles de montaña, con influencias de cuatro climas que lo hacen diferente en los paisajes y en las sensaciones, y que albergan una importante biodiversidad, bosques y lugares que reciben diferentes grados de protección.

Es impresionante escuchar el el sonido de las aguas y los gritos de los croar mientras puedes admirar la belleza de este enclave natural. Una opción para disfrutar de todo esto es pasear por los alrededores en bicicleta de montaña o bicicleta eléctrica. La empresa Irati E-bike ofrece alquiler de bicicletas y servicios de guía en la zona que conecta Irunberri-Lumbier con Ledea-Liedena.

La Las propuestas son variadas y fáciles de implementar, incluido un agradable paseo por el tramo del Camino de Santiago con otras carreteras cercanas que también son espectaculares y que te acercan al descubrimiento de la calzada romana y al lugar donde están enterrados los restos de una ciudad romana de 4,5 hectáreas, probablemente Iturissa.

Una vez ahí, es impensable no acercarse a Irati, uno de los puntos más visitados de Navarra, y pedaleando entre los imponentes hayas-abetos que se elevan en las 17.000 hectáreas de superficie forestal que se encuentran en estos valles, al inicio del Pirineo Atlántico que cuenta con diversas rutas de señalización de diferentes niveles de dificultad. .

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