Pedro Irizar e Irene Elustond mantienen actualmente la tradición de la sidra Barkaiztegi, que se remonta a 1680. / LUIS MICHELENA

Restaurantes

Además del jota, el caballo y el rey de las sidrerías, su carta ha crecido en oferta, aunque en estas fechas los templos de la sidra de San Sebastián están cerrados por la pandemia.

David De Jorge

Qué lejanos fueron aquellos días en que el fenómeno de la «sidra» se convirtió en una locura sin precedentes, ya que muchos ciudadanos descubrieron las bondades del cuerno colectivo al pie de Kupela y se armó el de San Quintín. Durante unos años de los felices ochenta y noventa las calles de Astigarraga y los pueblos vecinos se llenaron de coches llenos de mafias que querían arruinarlo todo. El método era muy sencillo y consistía en rendir homenaje durante la semana con la excusa de degustar la sidra en el momento justo de embotellado, aprovechando el gran evento para poner un par de tortillas de bacalao entre el pecho y la espalda, cacerolas de bacalao frito. con mucha cebolla, varias chuletas a la plancha y medio queso con membrillo. Aquellos de nosotros que experimentamos tales tonterías no conocíamos un fenómeno similar, ya que las áreas rurales fueron pavimentadas para que llegaran multitudes y la policía comenzó a regular tales tonterías haciéndote soplar por un pico. Todos los máximos goleadores se lanzaron al descubrimiento de nuevas sidrerías y el asunto se fue de las manos hasta tal punto que los libros de historia vasca detectarán algún día ese «boom del sagardo» como momento culminante en el desarrollo de nuestro cada vez más accidentado entorno rural. .

Debo admitir públicamente que nunca me atrajo demasiado el invento, porque odiaba comer de pie, hacer cola para tomar un trago y multitudes, pasar frío en una mesa expuesta a corrientes de aire y todos esos rituales que para muchos eran virtudes. Y para mí, mayores inconvenientes. Siempre he sido un caballero. Muy pocos se preocuparon por atender bien a los clientes, venidos de cualquier parte del país, exigiendo calidad en la materia prima que se ofrecía y en esa sidra que se rompía en vasos y, en muchos casos, se dejaba beber muy mal.

Precios

  • 12,50 euros
    Espárragos rellenos

  • 8,50 euros
    bacalao frito

  • 12 euros
    Merluza frita a la romana

  • 12 euros
    Bacalao en salsa verde

  • 32 euros
    Cortar

  • 8 euros
    callos

El lugar que hoy nos ocupa es uno de los pocos establecimientos que han surfeado las olas en la época del mambo y que sigue, hoy, vivo y bien gracias a la profesionalidad y dedicación de una línea familiar dedicada en cuerpo y alma al campo y Conseguir la mejor sidra natural, acompañada de esos clásicos que potencian la acidez, frescura y dulzor de la quintaesencia de la bebida guipuzcoana: tortillas, bacalao frito, flanes de bacalao en salsa verde, chuletas, queso, membrillo y nueces, ¡txotx! Es justo recordar que en esta finca se elaboraba sidra desde el siglo XVII y es muy pertinente reconocer el mimo con el que cada una de las generaciones nacidas en la masía se aplicó en las tareas de mantenimiento y para obtener riqueza del entorno, siempre tener una mesa tratada con el mejor producto y en su mejor época, sin escatimar esfuerzos y aplicándose a profesionalizar los procesos y obtener la mejor tecnología de cada momento, invirtiendo en la estructura misma en beneficio de los clientes, que se apresuran a sentarse en sus mesas con un apetito voraz.

Mantente vivo y coleando con el cuerpo y el alma de una familia dedicada a elaborar la mejor sidra natural.

Los tiempos son diferentes y además del bribón, caballo y rey ​​con los que entretienen a los que quieren comer ‘como siempre bueno’, hay que decirlo, han abierto el fogón de su cocina a ollas y sartenes con las que resuelven un menú apetitoso, ejecutado con buena mano y con los mejores y característicos productos de cada temporada: conservas de animales, deliciosas verduras, setas, legumbres, pescados y unos guisos que exigen mucha paciencia conventual. El comedor es coqueto y está expuesto a la boca de una salamandra en la que se asan a docenas de costillas. Pero primero, no pierdas la oportunidad de probar sus campanas de gloria, una alineación de campeones que integra sopa de pescado y guiso en el equipo, con los números uno y dos. Tienen otros hábiles jugadores del mismo cava, espárragos rellenos, judías guisadas, una amplia gama de pescados a la plancha de todas las formas imaginables, callos, postres básicos bien seleccionados y una carta de vinos verdaderamente extravagante a precios irrisorios que nos invitan a brindar. que el 2021 nos trae serenidad y calma por un período sangriento, que ha llegado el momento.

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