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Trump prepara el Pentágono para defenderle


Donald Trump no se irá así como de este modo. Al presidente le quedan diez semanas en el poder en las que puede llevar a cabo mucho daño a la democracia e incluso orquestar un auto golpe para derrocar al gobierno para quedarse en el poder.

Las alarmas se dispararon el primer día de la semana con el despido del Secretario de Defensa Mark Esper, el tercero que ocupa el cargo a lo largo del orden de Trump. Esper rompió con su comandante en jefe en junio pasado tras participar involuntariamente en la polémica foto del presidente Biblia en mano frente a la iglesia de St. John para la que había ordenado esparcir por la fuerza a participantes de la manifestación pacíficos. «No sabía lo que había pasado, creí que íbamos a pasar revista a las tropas», se excusó dos días después.

Mas lo que realmente irritó a Trump fue su negativa a utilizar tropas en activo para reprimir las manifestaciones por el homicidio de George Floyd. Esper no creía en invocar la Ley de Insurrección «para tomar el control de las calles», como había dicho el comandante en jefe al soliciar 10.000 tropas. A su juicio la utilización de los militares contra su pueblo es «un último recurso» para una situación «urgente y extrema» que no se daba en ese instante. ¿Se dará el 20 de enero?

Su sustituto Christopher Miller es un leal de Trump que fue confirmado como director del Centro Nacional Antiterrorista apenas en agosto pasado. Peor ha sido el ascenso de Kash Patel como su mano derecha. Desde que en 2018 ayudase al presidente a luchar contra la narrativa de las interferencias rusas en las elecciones de 2016 arremetiendo contra el FBI con acusaciones falsas, el nuevo jefe de gabinete del Secretario de Defensa ha tenido una carrera meteórica. Patel, un conspiracionista sin escrúpulos, fue ayudante del presidente del Comité de Inteligencia en la Cámara Baja David Nunes, el más leal que pueda tener Trump en el Capitolio, según el propio Steve Bannon. En poco tiempo ha escalado numerosos puestos dentro del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Su nombre resurgió también a lo largo de la investigación de Ucrania y se le considera el canal trasero de Trump en sus intentos de chantajear al país.

Como una parte de esa masacre en la cúpula militar ha caído además James Anderson, jefe de Políticas, que ha dicho marcharse sabiendo que «el conjunto perseverará sin importar lo que tiene por enfrente». En su mensaje de despedida rogó al personal del Pentágono que nunca olvide «el juramento al cargo». Su dimisión o despido, aún no está claro, fué la puerta de entrada para el general de brigada Anthony Tata, otro conspiracionista al que Trump deseó nombrar secretario de Defensa a inicios de año pero debió retirar su nominación al hacerse públicos una sucesión de comentarios islamofóbicos y recelosos de otros cuerpos de seguridad que forman el llamado «deep state».

La limpieza proseguía con la retirada del vicealmirante de la Marina Joseph Kernan, el más alto cargo de inteligencia en el Pentágono. Le reemplazará Ezra Cohen Watnick, un ex asesor de Michael Flynn, el general más conspiracionista de la campaña de 2016 que acuñó la consigna de «¡Encierrala!» con la que culpaba a Hillary Clinton de los atentados de Bengazi. Cohen-Watnick además había experimentado una sustancial carrera ascendente en la Casa Blanca de Trump.

La última adición de ayer era Douglas Macgregor, un coronel retirado del Ejército con el que Trump se ha familiarizado en las pantallas de Fox News, donde colaboraba habitualmente con sus críticas. Ahora se las va a dar en exclusiva al nuevo secretario de Defensa, que lo ha nombrado su asesor.

«Se entiende que este presidente elige la lealtad a la capacitación», recordó Adam Smith, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara Baja. Al miembro del congreso le preocupa el riesgo de estas sustituciones en un momento vulnerable como la transición de poder, por la imagen que logre dar a los contrincantes de EEUU. Mas más que nada, el que estos reemplazos sean el comienzo de una tendencia en la que el presidente despida o bien fuerce la dimisión de los altos cargos de seguridad nacional para llegar al momento crítico del 20 de enero rodeado de fieles que le permitan mantenerse en el poder. «Los próximos 70 días serán muy precarios, en el mejor de los casos, y demasiado peligrosos en el peor».

Según diversas fuentes, Trump les ha ordenado que retiren las tropas de Afganistán antes de fin de año. Lejos de accionar como un presidente saliente, el gobernante ha pisado el acelerador decidido a no alzar el pie.



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